Giovanni Bocaccio (1313-1375)

Escritor y humanista italiano, fue hijo natural del mercader florentino Bocaccio da Chellino, al servicio de los Bardi (familia noble), y de una joven francesa. Es considerado el padre de la prosa Italiana, así como el creador de la novela y el renovador de la antigua épica.

Pasó su infancia en Florencia, y no tardó en abandonar el comercio por la carrera de leyes y el posterior cultivo de las letra. Su estancia en Nápoles le inspiró el escenario y la atmósfera de las obras evocadoras de la figura de Fiammeta, su amada, presente en gran parte de su producción.

Regresó a Florencia en 1340, fue testigo en 1348 de la terrible epidemia de peste descrita en la introducción de Il Decamerone (1350-1355).

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“Y, ella, que con ocho hombres tal vez unas diez mil veces se había acostado, se acostó como doncella y le hizo creer que lo era; y luego vivió mucho tiempo con él felizmente como reina. Y por eso se dice: “Boca besada no pierde ventura, es más, se renueva como hace la Luna”. (La Hija del Sultán).

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En las obras que hemos citado hasta la fecha faltaba el sexo. Excepción hecha de las tímidas provocaciones de Safo, los vínculos tormentosos entre marido y mujer en las tragedias griegas, las románticas escenas de Shakespeare y en otros autores. El erotismo, en el sentido corporal inmediato, no lo hemos encontrado. Es con Bocaccio que damos con Eros en todo su esplendor, Eros como la fuerza de la vida. Hasta ahora lo habíamos visto como una amenaza para la salvación: La condena de la carne se dejaba sentir con fuerza en San Agustín y en Dante. La carne debía ser domesticada para evitar el infierno tanto en la Tierra como en la vida eterna. Bocaccio le pone punto final a esta forma de mirar la vida y nos invita a vivirla plenamente, a sacarle el mayor partido al momento presente. ¡Bocaccio es liberador! Es el primer escritor que celebra la mayor capacidad sexual de la mujer. En sus cuentos, el sexo derriba todos los muros sociales. Las mujeres de bien se acuestan con criados y mozos de cuadra y luego se plantan desafiantes ante sus maridos. La Naturaleza se manifiesta plenamente insistiendo en que debemos aceptar el temperamento sexual. Es esta la visión “primitiva”, normativa si se quiere, de las relaciones entre los sexos, una actividad natural en la que todos están invitados a participar, salvo aquellos que voluntariamente se nieguen a hacerlo. Bocaccio nos devuelve al paraíso del cual habíamos sido arrojados.

Esta obra, recopilación de cuentos dividida en diez jornadas con diez narraciones o historias, va precedida cada una de ellas de un prologo dedicado a los amantes desgraciados y a las mujeres y de una introducción donde se expone el argumento que sirve de vínculo a los diez relatos de que se compone. Las devastaciones de la peste es el motivo de que se reúna en sociedad un grupo privilegiado de siete damas y tres caballeros, los cuales, en el retiro del campo, deciden buscar distracción, designando para cada día a un cuentista o narrador. Obra predilecta de la sociedad burguesa de los s. XIV y XV, su técnica realista se encamina al propósito de dar verosimilitud narrativa a las historias referidas.

Este libro, al igual que la “Divina Comedia” de Dante Alighieri o los escritos de Petrarca, anuncian lo que se llamó más tarde “Renacimiento”. Rompe con la tradición de escritos místicos predominantes en la época, presentando al ser humano como lo que es, una persona con virtudes y defectos, con sus penas y sus glorias: lo pícaro, lo lascivo, el engaño, grandes amores, en fin, el ser humano al desnudo, no faltando en ocasiones lo cómico y también lo trágico.