Autor: los Apóstoles

Este libro hay que mirarlo como el producto de una época y de un lugar determinado, es decir, debe analizarse dentro de su contexto histórico, dentro del marco especial que rodeaba Palestina bajo el dominio del Imperio Romano.

El Nuevo Testamento está dividido en 27 libros:

– LOS SANTOS EVANGELIOS: Evangelio según San Mateo, Evangelio de San Marcos, Evangelio de San Lucas, Evangelio de San Juan

– Hechos de los Apóstoles

– CARTAS DE SAN PABLO: A los Romanos, 1a a los Corintios, 2a los Corintios, A los Gálatas, A los Efesios, A los Filipenses, A los Colosenses, 1a a los Tesalonicenses, 2a a los Tesalonicenses, 1a a Timoteo, 2a Timoteo, A Tito, A Filemón, A los Hebreos

– EPÍSTOLAS: Epístola de Santiago, Epístola 1a de San Pedro, Epístola 2a de San Pedro, Epístola 1a de San Juan, Epístola 2a de San Juan, Epístola 3a de San Juan, Epístola de San Judas

 Apocalípsis

De todos ellos debemos reseñar como fundamentales los cuatro evangelios: de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Son considerados auténticos por la jerarquía eclesiástica. Sobre la autoría de los evangelios existen muchas dudas y lo que es probable es que Juan, Lucas, Marcos y Mateo hubieran colaborado fragmentariamente en su composición. Lo cierto es que el movimiento encabezado por Cristo, desde el punto de vista histórico, no deja de ser un movimiento de oposición dentro del judaísmo y un episodio más de la relación del hombre con el Estado y con su época.

De los cuatro evangelios canónicos, el de Mateo, es el que expone con mayor claridad las enseñanzas de Jesús, incluido “el sermón de la montaña”.

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“No penséis que he venido a destruir la ley de los profetas. No he venido a destruir, sino a cumplir lo prometido” –dijo Jesús.

“Si eres el hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes” –dijo el tentador.

Mas él Respondió: “Esta escrito: no solo de pan vive el hombre, sino de la palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4,3-4)

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El Evangelio de Mateo

Este libro es anónimo, porque no está firmado. La tradición atribuye su autoría a Mateo Leví, un recaudador de impuestos a quien Jesús llamó para que le siguiera como uno de sus apóstoles. La datación mayoritaria sitúa este evangelio hacia el año 80, debido a que se supone que describe la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, antes de que esta suceda; es decir, dicha descripción es tomada como una profecía que posteriormente se cumpliría. El evangelio de Mateo ha sido llamado el “evangelio judío”, porque muestra particular interés en los asuntos de Israel. Más que ningún otro de los evangelios, pone un gran énfasis en las profecías del Antiguo Testamento cumplidas en Jesucristo, quien es el Mesías esperado por los judíos.

Es probable que Mateo haya sido colocado como el primer libro del Nuevo Testamento porque este evangelio sirve como un enlace perfecto entre el Antiguo y Nuevo Pacto.

En su narración, Mateo retrata a Jesús como el Mesías, el “ungido de Dios” de quien los profetas habían escrito. Por otra parte, Mateo muestra una estructura bastante clara y organizada que se enfoca en los temas centrales de la predicación de Jesucristo.

Un tema distintivo en este evangelio es “el reino de los cielos”, ya que los judíos esperaban al Cristo Reinante; Mateo narra las parábolas de Jesucristo aclarando estos “misterios del reino” donde se explica que el reino de los cielos era inaugurado inmediatamente con el ministerio del Señor, pero estaría en una etapa de siembra y luego el Señor volverá para la etapa de siega y el juicio final.

La lectura de los evangelios, especialmente el de Mateo, inclusive para una persona no creyente, llama la atención no por la dura historia de su pasión y muerte, que también, sino su persistencia, su presencia de ánimo, su firmeza, su fuerza y su sagacidad e inteligencia para llevar a buen término su propósito: La redención de sus semejantes a través de su propia muerte.

Un elevado porcentaje de la historia de Occidente surge de estos libros, guerras, organización social, arte, teología e ideología, pensamiento en síntesis.

Los evangelios, las epístolas y las cartas, fueron escritos por grupos de cristianos militantes y se convirtieron en las herramientas más eficaces para extender su mensaje, mensaje que no pocas veces ha sido tergiversado para servir a mezquinos intereses contrariando el principio fundamental para el cual fue creado: El entendimiento igualitario de la Humanidad agobiada y doliente.

La lectura de estos textos, desde un punto de vista laico, constituirá, para cualquiera que lo intente, una experiencia conmovedora y vital.