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De marzo del 79 (1983)

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje

parto hacia la isla cubierta de nieve.

Lo salvaje no tiene palabras.

¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!

Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.

Lenguaje, pero no palabras.

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Los cuatro temperamentos (1958)

Registrando, el ojo transforma los rayos solares en bastones policiales.

Y de noche: la bulla de una fiesta en el piso de abajo

sube como flores irreales a través del suelo.

Salgo a la llanura. Oscuridad. El vagón parece no moverse.

Un anti-pájaro graznaba a la ausencia de estrellas.

Arriba el sol albino, lanzando oscuras marejadas.

Un hombre como un árbol erguido con hojas crujientes

y un rayo en guardia vio al sol con hedor de bestia

que buscaba entre alas crepitantes sobre la isla de acantilados

del mundo, avanzando tras banderas de espuma por la noche

y el día, con blancos pájaros lacustres y ruidosos

en cubierta, y todos con pasaje hacia el Caos.

Basta con cerrar los ojos para oír claramente

el pequeño domingo de las gaviotas sobre la comarca interminable del mar.

Una guitarra comienza a abotonar el arbusto y la nube avanza

lentamente, como el trineo verde de la primavera tardía

—con la luz amarrada que relincha—

llega resbalando sobre el hielo.

Desperté con los tacones de la amiga golpeteando en el sueño

y, afuera, dos montones de nieve, como olvidados guantes del invierno,

mientras octavillas del sol se desplomaban sobre la ciudad.

El camino nunca tiene fin. El horizonte se apura hacia adelante.

Los pájaros sacuden el árbol. El polvo se marea en torno a las ruedas.

¡Todas las rodantes ruedas que contradicen la muerte!

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Solsticio de invierno (1996)

Mi ropa irradia

un resplandor azul.

Solsticio de invierno.

Tintineantes panderetas de hielo.

Cierro los ojos.

Hay un mundo sordo,

hay una grieta

por la que los muertos

traspasan la frontera.

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Góndola fúnebre

 

Abril y silencio

La primavera yace desierta.

La zanja, oscura como terciopelo

se arrastra junto a mí

sin espejeos.

Tan sólo irradian

las flores amarillas.

Soy llevado en mi sombra

como un violín

en su caja negra.

Lo único que quiero decir

reluce fuera de alcance

como la platería

en la casa de empeños.

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El reino de la inseguridad

La jefa de oficina se inclina y traza una cruz

y oscilan sus pendientes como espadas de Damocles.

Así como la frágil mariposa se hace invisible en el suelo

confluye el demonio con el diario abierto.

Un casco que nadie lleva ha tomado el poder.

La tortuga madre huye volando bajo el agua.

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Hoja de libro nocturno

Una noche de mayo aterricé

en un frío claro de luna

en que la hierba y las flores eran grises

pero el aroma, verde.

Resbalé cuesta arriba

en la noche daltónica

mientras las piedras blancas

señalaban la luna.

Un espaciotiempo

de algunos minutos

cincuenta y ocho años de ancho.

Y tras de mí

más allá de las aguas relucientes cual plomo

estaba la otra costa

y los poderosos.

Gentes con futuro

en vez de rostro.

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 .

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..

 

Góndola fúnebre Nº 2

I

Dos hombres, suegro y yerno, Liszt y

Wagner, viven junto al Canal Grande

con la inquieta esposa del rey Midas,

ese que transforma en Wagner todo lo que toca.

El frío verde del mar atraviesa los pisos del palacio.

Wagner destaca, el conocido perfil de títere

parece más cansado;

el rostro, una bandera blanca.

La góndola cargada pesadamente con sus vidas; dos pasajes de ida y vuelta y otro

sólo de ida.

II

Una ventana del palacio se abre con el viento y el súbito soplo provoca muecas.

Sobre el agua aparece la góndola del basurero impulsada por dos bandidos con remo.

Liszt ha escrito unos acordes tan pesados

que deberían ser enviados a analizar

en el Instituto de Mineralogía de Padua.

¡Meteoritos!

Demasiado pesados para la quietud, pueden sólo hundirse más y más, futuro abajo, hasta

los años de las camisas pardas.

La góndola,pesadamente cargada con las

hacinadas piedras del futuro.

III

Rendijas, hacia 1990.

25 de marzo. Inquietud por Lituania.

Soñé que visitaba un gran hospital.

No tenía funcionarios. Todos eran pacientes.

En el mismo sueño, una niña recién nacida

hablaba con completas oraciones.

IV

Junto al yerno, que es hombre de su tiempo,

Liszt es un apolillado grandseigneur.

Es un disfraz.

El abismo, que ensaya y descarta máscaras

diferentes, ha elegido justo ésta para él,

el abismo, que quiere subir hasta los hombres sin mostrar

su rostro.

V

El Abate Liszt está habituado a cargar él

mismo su maleta por soles y por nieves

y cuando muera un día, nadie irá a

esperarlo a la estación.

La tibia brisa de un coñac excelente lo

conduce a la tarea.

Siempre tiene tarea.

¡Dos mil cartas al año!

El escolar que escribe cien veces el palote,

antes de que le permitan volver a casa.

La góndola cargada pesadamente de vida;

es sencilla y negra.

VI

De regreso en 1990.

Soñé que conducía doscientos quilómetros en vano.

Entonces, todo se agigantó. Gorriones enormes como gallinas

cantaban de modo ensordecedor.

Soñé que dibujaba teclas de piano

en la mesa de cocina. Tocaba sordamente

en ellas.

VI

De regreso en 1990.

Soñé que conducía doscientos quilómetros en vano.

Entonces, todo se agigantó. Gorriones enormes como gallinas

cantaban de modo ensordecedor.

Soñé que dibujaba teclas de piano

en la mesa de cocina. Tocaba sordamente en ellas.

Los vecinos acudían a escuchar.

VII

El clavicordio que calló durante todo

Persifal (aunque estaba escuchando) puede

al fin decir algo.

Suspiros… sospiri…

Mientras Liszt toca, esta noche, mantiene

apretado el pedal marino

para que la fuerza verde del mar suba a

través del piso y se una a todas las piedras

del edificio.

¡Buenas tardes, bello abismo!

La góndola cargada pesadamente de vida;

es sencilla y negra.

VIII

Soñé que llegaba tarde el primer día de clases.

Todos en el salón llevaban máscaras blancas

sobre el rostro.

Imposible decir quién era el maestro.