Charles Baudelaire (1821 – 1867

Considerado el padre de la poesía moderna, publicó en 1857 su máxima obra, “Las flores del mal”, desatando una gran controversia por considerarla como una ofensa contra la moral pública. Luego aparecieron “Pequeños poemas en prosa” y “Paraísos artificiales”, publicados en 1860.

Poeta, novelista y crítico de arte, nació en París en 1821. La sífilis que contrajo debido a su vida desordenada, le produjo afasia y una parálisis parcial que lo condujo a la muerte en 1867. “Curiosidades estéticas”, “El arte romántico”, “Mi corazón al desnudo” y su “Epistolario” se publicaron después de su muerte.

La vida bohemia lo mantiene en el ambiente de los bajos fondos. Las mujeres que llenan su vida son pequeñas aventureras y prostitutas, como Jeanne Duval, una actriz mulata que representa un papel muy secundario en un vodevil del Teatro Partenón a quien conoce en 1843. A pesar de la vulgaridad, de frecuentes desavenencias y de las infidelidades de la mulata, Baudelaire vuelve siempre a ella y durante toda su vida estaría ligado a esta mujer. Desempeñará un papel fundamental en la vida del poeta. Sus mejores poemas son paradójicamente el fruto de estos oscuros amores. Aparecen en los poemas “Perfume exótico”, “La cabellera”, “Te adoro igual que a la bóveda nocturno”, “Meterías al universo entero en tu callejuela”, “Sed non satiata”, “Con sus ropas ondulantes y nacaradas”, “La serpiente que danza”, “El vampiro”, “Remordimiento póstumo”, “El gato”, “Duellum”, “El balcón”, “Un fantasma”, “Te doy estos versos para que si mi nombre” y “Canción de primeras horas de la tarde”. Probablemente inspira también al poeta los poemas “El bello navío”, “La invitación al viaje” y “La Beatriz”.

 

 

Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar.

 

 

“Les FIeurs du Mal” no son una obra de arte en la que se pueda penetrar sin preparación. Aquí no estamos en el mundo de la banalidad universal. La mirada del poeta baja sin detenerse ni un solo momento en unos círculos infernales que quedaban por explorar, y lo que allá ve y oye no recuerda ni de lejos los romances de moda. De allí brotan lamentaciones y quejas, cantos extáticos, blasfemos, gritos de dolor y de angustia Las torturas de la pasión, la ferocidad y la cobardía social, los ásperos sollozos de la desesperación, la ironía y el desdén, todo se mezcla fuerte y armoniosamente en esta pesadilla dantesca iluminada de trecho en trecho por claros por los cuales el espíritu lanza el vuelo hacia la paz y la alegría ideales…”