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Seguimos con los clásicos y no por presumir de intelectuales sino porque comprendemos que releer dichas obras nos conduce al máximo placer de la lectura, a desentrañar la vida, conocer sus misterios y, de alguna manera, reconocer nuestros más caros anhelos.

Leer es mimetizarse con lo leído y, en el mejor de los casos, identificarse con algún personaje para vivir en él la historia en primera persona, formar parte de la ficción, relacionarse con la alteralidad, la nuestra, la ajena o la de la literatura que, a diferencia de los amigos, del otro de carne y hueso, permanece intacta esperándonos para darnos sosiego o enseñarnos algo nuevo. Los amigos, la familia, los seres cercanos a los que queremos, por contingencias de la vida, pueden desaparecer, la literatura no.

Las grandes obras de la literatura, en el mundo de hoy, son aquellas que sobreviven a la actual era de la información más allá del cine y del “gran hermano” y de las series televisivas, aquellas que seguiremos leyendo y releyendo como Hamlet, El Quijote, El Rey Lear, Edipo Rey, Grandes Esperanzas, Cien años de soledad o cualquiera de las que glosamos en estas páginas. Por todo ello, nuestro autor es hoy Sófocles y su obra Edipo Rey.

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