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Safo 630-470 a.C.

Volver a los clásicos es oportuno, y leer a Safo una tentación. Teniendo en cuenta su oscura reputación debemos reconocer que, reverenciada en el siglo V a.C., fue injuriada y ridiculizada a partir del siglo IV a.C. Safo no solo escribía sobre el amor, sino que escribía del amor entre mujeres y, además, sus versos sensuales producían entre los mojigatos censura y desaprobación. Más de dos mil años después, Baudelaire, Verlaine y otros continuaban en la misma brecha convirtiéndola en una figura de fantasías literarias pornográficas. El lector siempre tendrá la última palabra.

Safo nació en Grecia hace unos 2.600 años en la Isla de Lesbos, situada en la ribera oriental del Mar Egeo, y sobre cuya vida apenas conservamos datos precisos. Se calcula su nacimiento entre los años 630 y 612, mientras que su muerte se fecha alrededor del 570. No existe ninguna fuente histórica contemporánea sobre su vida aparte de sus poemas, y todo lo que sabemos de ella procede de autores posteriores que no la conocieron directamente. Esto ha contribuido a colocar su figura entre la realidad y la leyenda, lo cual no ha hecho sino aumentar el interés sobre su vida y su obra a lo largo de los siglos. Grandes autores como Platón, Boccaccio, Baudelaire, Lord Byron, Ezra Pound o Virginia Woolf sintieron por ella gran admiración.

Parece ser que Safo nació en la aldea lesbia de Eresos, aunque más tarde se trasladó a la capital Mitilene. Desde muy joven Safo se interesó por la literatura. De la lectura de sus versos deducimos que pertenecía a una familia noble y adinerada. Sus versos hablan de emociones intimas, nostalgia, sexo, matrimonio, separaciones y deseos… como esa invocación a la diosa del amor, Afrodita, suplicando su ayuda en busca de una mujer:

Acúdeme también ahora y líbrame ya

de mis horribles congojas, cúmpleme que logre

cuanto mi ánimo ansía y sé en esta guerra tú misma mi aliada.

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Además de su actividad literaria y artística, Safo participó asiduamente en las luchas políticas que tuvieron lugar en Lesbos, y cargó muy duramente contra el tirano Pítaco. Parece ser que incluso estuvo implicada en una conspiración para matarlo, junto a Alceo y otros camaradas, y que, descubierta esa conspiración, Pítaco les mando arrestar. Su vinculación con las actividades políticas y la conspiración contra Pitaco le costó el exilio.

El exilio resultó bastante positivo para su desarrollo intelectual, pues le permitió viajar e ilustrarse con el contacto de otras culturas. En Siracusa se casó con Kerkilos, un rico mercader con el que tuvo una hija llamada Kleis. Su casa se convirtió en el centro de la vida cultural y artística de esta ciudad. Su marido murió pronto y Safo regresó a Lesbos, donde fundó una academia, al estilo de Platón, en la que enseñaba arte, canto, danza y literatura, a un grupo de mujeres jóvenes.

Se sabe que Safo amó tanto a mujeres como a hombres, algo que entre los antiguos griegos se consideraba aceptable, y en sus versos cantó su amor hacia las mujeres sin ningún pudor. Como es bien sabido, el nombre de Safo dió origen al término “sáfico”  (adj. Dicho de una estrofa: Compuesta de tres versos sáficos y uno adónico), mientras el lugar de su nacimiento, Lesbos, es el origen del término lesbianismo.

Se conocen los nombres de algunas de sus amadas: Anágora, Eunica, Gongila, Eranna, Telesipa, Andrómeda, Megara, etc, Pero su alumna favorita siempre fue Atthis. Cuando la familia de Atthis decidió retirarla de la enseñanza para casarla con un joven, Safo, lamentando la separación, escribió el doloso poema El Adiós a Atthis.

Casi toda su poesía está dedicada a mujeres, y a alguna a sus hermanas. En total escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conserva una mínima parte de ellos. Su poema más importante es la Oda a Afrodita. También conviene anotar que, ya en pleno siglo XX se descubrió un papiro con seis fragmentos de sus poemas y la Oda a las Nere.

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 “Eros de nuevo, embriagador, me arrastra,

dulce-amarga, irresistible bestezuela.”

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Su obra más destacada es, como ya hemos dicho, Oda a Afrodita, en la cual Safo, hablando en primera persona, pide a la diosa que le sean otorgados los amores de alguien. Para Safo, Afrodita es la diosa que concede los favores amatorios, es la confidente, la que intercede, la que acude cuando el sentimiento amoroso conduce a la locura.

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Morirás, bella joven;

ni servirá ser bella,

ni quedará memoria

de ti sobre la tierra,

porque las frescas rosas

no has gozado de Pieria:

y así desconocida

irás a las cavernas

del horroroso Dite,

ni será quien te vea

cuando en las vanas sombras

des fugitivas vueltas.

La obra sáfica es por lo tanto revolucionaria en cuanto estructura una visión del mundo desde el paradigma femenino, subvirtiendo la mirada masculina que caracterizaba la Edad Arcaica: El mundo heroico de la poesía épica y las gestas militares del pasado. Dando paso a un mundo sensible, delicado y suave, al mundo femenino. La obra de Safo es subjetiva, toma como objeto de su arte su propia interioridad; vacía sus sentimientos, su alma en sus versos, para que quien los lea se identifique con ellos o se disocien, pues no hay términos medios.

En muchos lugares de la antigua Grecia, la mujer gozó prácticamente de todos los derechos que tenían los hombres. Estos beneficios también incluyeron a Lesbos, que, como isla de tránsito, recibía la influencia de varias culturas que le daban un aspecto bastante liberal y cosmopolita.

Sin embargo, en Atenas no ocurría así, sino más bien al contrario, y por eso Safo comenzó a recibir los primeros descalificativos ya en vida, por parte de diversos autores principalmente de Atenas, una sociedad donde solamente las cortesanas (hetairas) tenían acceso a la cultura y la vida social, mientras el resto se quedaba en casa sin poder optar a una educación y ocupándose de las labores domésticas. Esto nos da una idea del pensamiento con el que Safo fundó su academia, en un acto de llevar la contraria a las ideas atenienses.

Los historiadores y la historia de la literatura han dejado de lado a Safo, aunque en Grecia después de su muerte se llegaron a acuñar monedas y erigir estatuas con su imagen. Platón se refirió a ella como la Décima musa. Muchos autores posteriores la injuriaron, a pesar de lo cual ella sigue siendo la mujer más importante de la Grecia Clásica.

Hoy por hoy, sus poemas suponen todo un guiño para los movimientos der gays y lesbianas de todo el mundo. Safo, vuelve a ser reivindicada, por el ejemplo que suponen su vida y su obra para la igualdad de los sexos.

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El adiós a Atthis

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Vete tranquila.

No te olvides de mí porque sabes, debes saber, que yo estaré siempre a tu lado.

Y si no quieres saberlo, te recordaré lo que tú olvidas:

muchas horas felices pasamos juntas;

han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán

y ramos de eneldo que junto a mí te ceñiste.

Han sido muchas las veces que bálsamo de mirra y regio ungüento,

derramaste sobre mi cabeza. Yo no podré olvidarlo y tú, tampoco.

Igual a los dioses me parece el hombre dichoso que te abraza

y te oye en silencio con tu voz de plata y tu sonrisa risueña…

Cuán cara y hermosa era la vida que vivimos juntas.

Pues entonces, con guirnaldas de violetas y dulces rosas cubrías junto a mí tus rizos, ondeantes.

Y con abundantes aromas preciosos y exquisitos ungías tu piel fresca y joven en mi regazo y no había colina ni arroyo ni lugar sagrado que no visitáramos danzando…

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De ella ver quisiera su andar amable

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Y la clara luz de su rostro antes

que a los carros lidios o a mil guerreros

llenos de armas…

La luna luminosa huyó con las Pléyades.

La noche silenciosa ya llega a la mitad

la hora ya pasó y en vela sola en mi lecho,

suelto la rienda al llanto sin esperar piedad.

El amor, ese ser invencible, dulce y amargo que desata los miembros, de nuevo acude a mí.

Él ha agitado mis entrañas como el huracán sacude monte abajo las encinas.

Luchar contra el amor es vano, pues como un niño hacia su madre, vuelo a él.

Mi alma está dividida: algo la detiene aquí, pero algo la estira para en amor vivir…

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