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Flannery O’Connor 1925 – 1964

Escritora estadounidense que ocupa un lugar especial entre los
autores de su país con sus novelas y sus relatos basados en el tema
de la deformidad espiritual del ser humano. Nació en Savannah
(Georgia) el 25 de marzo de 1925, y estudió en el State College
femenino de Georgia y en la Universidad de Iowa. Pasó la mayor parte
de su vida en Milledgeville, donde se dedicó a la cría de pavos y a la
literatura. La obra de O’Connor consta esencialmente de dos novelas y
dos volúmenes de relatos breves. Se ha calificado como una peculiar
combinación de profecía y evangelismo católico. Su sensibilidad reside en
una mezcla extraordinaria de salvajismo sureño y severo catolicismo.
Para Flannery, el mal es aquello que mas tememos, pero también, lo
que más deseamos. Es ese fondo de tinieblas que tememos pero que
queremos conocer para tener plena conciencia del mundo en que nos ha
tocado vivir. Las dos novelas son “Sangre sabia” (1952) y “Los profetas”
(1960); sus colecciones de relatos llevan el título de “Un hombre bueno
no es fácil de encontrar” (1955) y “Las dulzuras del hogar” (1965). A
menudo se compara a O’Connor con el novelista estadounidense William
Faulkner, por su descripción del carácter y la vida en el sur de
Estados Unidos, y con el escritor checo Franz Kafka, por su
preocupación por lo grotesco. Murió el 3 de agosto de 1964 a
consecuencia del lupus, enfermedad que soportó durante los últimos
diez años de su vida.

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La gracia nos transforma y el cambio es doloroso.”

“La Gracia, según el modo católico de entenderla, puede usarse -y de hecho
usa- como medio de lo imperfecto, de lo humano sin más y hasta de lo hipócrita.
Separarte tú de la gracia es una cuestión decisiva que requiere una
auténtica decisión, un acto de la voluntad que afecta hasta la raíz
del alma. El Inadaptado es tocado por la Gracia que viene a través de
la anciana cuando ella le reconoce como su hijo, igual que ella ha
sido tocada por la Gracia que llega a través de él que tiene una forma
peculiar de sufrimiento. El dispararla es una reacción, el horror por
la humanidad de ella, pero después de hacerlo y de limpiarse las gafas
la gracia ha trabajado en él y pronuncia su juicio: habría sido una
buena mujer si él hubiera estado allí en cada momento de la vida de
ella. Muy cierto. Desde el punto de vista protestante creo que gracia
y naturaleza no tienen mucho que ver entre sí. La anciana, por su
hipocresía, humanidad y banalidad no podía ser una mediadora de la
gracia. En la medida en que yo veo las cosas al revés, soy una
escritora católica.”

“He encontrado, en definitiva, de la lectura de mi propia escritura,
que mi tema en la ficción es la acción de la Gracia en el territorio
controlado en gran medida por el diablo. También he descubierto que lo
que escribo es leído por un público que pone poco de caldo o en la
Gracia o en el diablo”.

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Quizás uno de los relatos que mejor nos enseña a Flannery es “Un
Hombre Bueno Es Difícil De Encontrar”. En él, una familia compuesta
por la abuela, el hijo, la nuera y los tres nietos se encuentran con
un delincuente que acaba de fugarse de la cárcel, el inadaptado, y sus
dos matones subalternos. En cuanto la abuela ve al inadaptado,
proclama al instante su identidad, lo que ocasiona su muerte y la de
toda la familia. Mientras los antisociales se llevan a los demás para
matarlos, la abuela le suplica al inadaptado que no lo haga, pero en
este asesino, teósofo natural, O’Connor plasma una de sus mejores
obras maestras. Al resucitar a los muertos en un mundo donde “no hay
placer, sino mezquindad -declara el inadaptado-, Jesús lo desequilibró
todo”. La abuela asustada, mareada, alucinada toca al inadaptado y le
murmura: “Pero si tu eres uno de mis niños. ¡Eres uno de mis
hijos!”. El hombre retrocede, le descerraja tres tiros en el pecho y
dice: “Habría sido una buena mujer si en cada minuto de su vida
hubiera habido alguien que le disparara”.

Debemos reflexionar sobre lo que Flannery quiere significar con este
cuento y comprender, con ello, el alma de las gentes. O’Connor nos
ofrece la dura visión de un criminal que se sabe o se siente un
instrumento de la gracia católica, y, del otro lado, a una anciana
hipócrita y banal. Flannery piensa que seríamos buenos si en cada
minuto de nuestra vida hubiera alguien dispuesto a dispararnos….