André Malraux 1901-1976

Entre la realidad y la ficción, aventurero, mitómano, político,
ensayista y, ante todo, novelista, André Malraux supo
crearse para sí mismo un personaje digno de sus libros. Malraux creó
una perfecta comunión entre el escritor y su obra, comunión que va más
allá de las palabras y las convierte únicamente en destellos de una
verdad más pura. Este intelectual francés, no se contentó con vivir
intensamente y con participar en los principales acontecimientos de su
tiempo, ni estuvo nunca satisfecho de haber escrito un buen puñado de
obras maestras, algunas de las cuales figuran sin lugar a dudas entre
las mejores del siglo, se entregó a lo largo de toda su vida a la
empresa de alimentar su propia leyenda: construyó un personaje capaz
de recoger en sí la convulsión y la agitación de toda una época. Ni fue
el primero en proponerse tal cometido, ni desde luego fue el último,
en pretender introducir la ficción en la realidad y firmar la historia
entera con su propio nombre; vanidad o genialidad, lo cierto es que a
tal obstinación debemos la existencia de una de las figuras más
fascinantes y sugerentes del S.XX.

“Todos sufren -pensó- , y cada uno sufre porque piensa. En el fondo,
el espíritu del hombre no piensa más que en lo eterno, y la conciencia
de la vida no puede ser más que angustia”.

“Se necesitan nueve meses para hacer un hombre, y un solo día para matarlo”.

“Abandono y silencio. Cargadas con todos los ruidos de la mayor ciudad
de China, las ondas zumbadoras se perdían allí, como en el fondo de un
pozo, los sonidos procedentes de las profundidades de la tierra”.

“El mundo es como los caracteres de nuestra escritura. Lo que el signo
es a la flor, la flor misma lo es a alguna cosa. Todo es signo. Ir
del signo a la cosa significada es profundizar el mundo, es ir hacia Dios”.

“La función de la inteligencia no consiste en prescindir de las cosas.
La inteligencia es la posesión de los medios para dominar a las cosas
o a los hombres”.

“Soy también ese cuerpo que usted quiera que sea solamente. Su
presencia me aproxima a mi cuerpo con disgusto, como la primavera me
aproxima a él con júbilo”.

“El maestro dice que si supiera que va a morir, cree que pintaría
mejor, pero no de otro modo”.

“Siempre había pensado que es bueno para uno morir su muerte,
una muerte que se asemeje a su vida. Y que morir es pasividad, pero
matarse es acción”

“Avanzaban en silencio entre los muros, que el cielo amarillento y
cargado de bruma tornaba pálidos, en una soledad miserable,
acribillada de detritus y de hilos telegráficos”.

“La vida futura vibraba tras todo aquel silencio”.

“En el camino de la venganza se encuentra la vida”.

“Aunque haya vivido dos horas como un hombre rico, la riqueza no
existe… Entonces la pobreza no existe tampoco. Que es lo esencial.
Nada existe: todo es un sueño”

“Cuantos más heridos hay, cuanto más se aproxima la insurrección, más
se copula”.

“Su gesto y la expresión violenta de su rostro se compaginaban mal con
aquella indiferencia. Ella lo contemplaba, extenuada, con los pómulos
acentuados por la luz vertical. También él contemplaba sus ojos sin
mirada, sumidos en la sombra, y no decía nada”.

“La tarde de la guerra se perdía en la noche. Al ras del suelo se
encendían las luces, y el río invisible llamaba hacia sí como siempre,
la poca vida que quedaba en la ciudad”.

“Entregarse, para una mujer, y poseer, para un hombre, son los dos
únicos medios de que los seres puedan comprenderlo todo, sea lo que
sea”.

Para defender al hombre hay que maltratar al hombre. Este no es un
dilema sino una dura realidad. La democracia no es suficiente defensa
a los derechos personalísimos. Los totalitarismos se aplican sin
reatos de conciencia en conseguir la uniformidad. El ser humano se
debate en su propia humanidad: Somos generosos y monstruosos,
prepotentes e impotentes, magníficos y ridículos, racionales e
irracionales, nos agitamos en vano tratando de darle un sentido a la
vida y a la muerte, no solo a la nuestra sino a la de los demás, de
forma especial a la de nuestros amigos y camaradas. La “Condición
Humana” es una novela, es más que una novela de aventuras, es una
novela comprometida, de denuncia, del idealismo desengañado, es decir,
una novela del siglo XX en el que todos los valores se han tambaleado
sin encontrar un sitio ni asidero. Citemos como ejemplo las últimas
palabras del final del libro: “Todos sufren –pensó-, y cada uno sufre
porque piensa. En el fondo, el espíritu del hombre no piensa más que
en lo eterno, y la conciencia de la vida no puede ser más que
angustia. No hay que pensar la vida con la imaginación sino con el
opio”. André Malraux se implicó en la guerra de España y luego en la
resistencia francesa y afirmaba que, “Es el arte el que fija mis
citas con la historia…”.
Si queremos ironizar un poco sobre la obra de Malraux, tendríamos
que afirmar que por muy trágica que resulte la condición humana jamás
será aburrida, siempre veremos la botella medio llena.