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Alejo Carpentier 1904-1980
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Nace el 26 de diciembre de 1904 en la calle Maloja, La Habana. Su
padre, Jorge Julián Carpentier, francés, arquitecto; su madre, Lina
Vamont, profesora de Idiomas, de origen ruso. Su vinculación al
 periodismo comienza en 1922 en La Discusión, una carrera
que lo va a acompañar por el resto de su vida. Es en el año de
1927 que firma el Manifiesto Minorista y en julio de este mismo año
sufre prisión por siete meses, acusado de comunista. Protagoniza en
1928 una sorprendente fuga a Francia con pasaporte del poeta francés
Robert Denos. En Francia trabaja como periodista, colabora con
importantes publicaciones y es el momento en que decide estudiar a
profundidad América, hecho que le toma ocho años de su vida. Comienza
su trabajo en la radio en Poste Parisien, la estación más importante
de la época en París. Publica en Madrid su primera novela
¡Écue-Yamba-O! En 1939 regresa a Cuba y produce y dirige programas
radiales hasta 1945. En 1942 es seleccionado el autor dramático del
año por la Agrupación de la Crónica Radial Impresa. Viaja a Haití con
su esposa Lilia Esteban y Louis Jover; fue un viaje de descubrimiento
del mundo americano, de lo que llamó lo real maravilloso. Publica La
música en Cuba y en México (1945). 1949 es el año en que publica en
México “El reino de este mundo”. Imprime en México “Los pasos
perdidos” (1953), para muchos su obra consagratoria. Con este libro
gana el premio al mejor libro extranjero, otorgado por los mejores
críticos literarios de París. En Buenos Aires se edita “El acoso”
(1956). Publica en 1958 “Guerra del tiempo”. Regresa a Cuba en 1959
para manifestar su eterno compromiso con La Revolución Cubana. Es
nombrado Subdirector de Cultura del Gobierno Revolucionario de Cuba
(1960). “El siglo de las luces” ve la luz en México en 1962. Es
designado ministro consejero de la Embajada de Cuba en París. Allí publica
Literatura y conciencia política en América Latina.

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Si la catedral era la Época, una formidable explosión, en efecto, había derribado sus muros principales, enterrando bajo un alud de escombros a los mismos que acaso construyeran la maquina infernal. Si la Catedral era la Iglesia Cristiana, observaba Esteban que una hilera de fuertes columnas le quedaba intacta, frente a lo que, rota a pedazos, se desplomaba en el apocalíptico cuadro, como un anuncio de resistencia, perdurabilidad y reconstrucciones después de los tiempos de estragos y de estrellas anunciadoras de abismos…

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Fue en un viaje a la Isla Guadalupe donde Alejo Carpentier fragua “El
Siglo de las Luces”. Paseaba por sus calles, al mediodía, y acuciado
por el hambre se acercó a los restaurantes situados en la calle
principal. Escogió uno al azar, seguro de no equivocarse, atraído más
por su presentación exterior y los mapas que colgaban de sus paredes
que por la carta que intuía excelente. Allí fue atendido personalmente
por su propietario y chef, amante de la historia de la isla, quien en
un momento determinado de su amable charla le presentó a un personaje
singular: Victor Hugues. El chef le contó la historia de un joven
marinero que había llegado a la isla ciento sesenta años atrás en
cumplimiento de una misión encomendada por Robespierre para llevar al
nuevo mundo la buena nueva de la revolución francesa. Entonces todas
las alarmas saltaron en la cabeza de Alejo Carpentier y comenzó a
imaginar la estadía de aquel joven marino en la isla y sus
vinculaciones con los masones y los grupos libertarios, así como su
enamoramiento con una joven mulata…
Puede decirse que el Siglo de las Luces es el período que se define
entre las dos revoluciones europeas, la inglesa, de 1688 y la
francesa, en 1789. El momento se define por la irrupción consciente de
una nueva época en que la razón y la ciencia iluminan a la humanidad.
El origen de la ilustración puede ubicarse con certeza en Inglaterra,
luego se extenderá por el territorio Europeo gracias a los franceses.
García Márquez, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, y en general todos los
autores del boom Literario Latinoamericano, han admitido que sin la
aparición del Siglo de las Luces habría sido imposible desarrollar sus
propias fabulaciones con la desmesura y la libertad creativa que había
conseguido Carpentier en “El Siglo de las Luces”.
Hay una frase de Napoleón que condensa la época:

Ciudadanos representantes: Desde el campo de la gloria, caminando sobre la sangre
de los traidores, os participo con alegría que vuestras ordenes han
sido ejecutadas y que Francia está vengada; no se ha atendido ni a
la edad ni al sexo. Los que habían sido sólo heridos por el cañón
republicano concluyeron su existencia bajo la espada de la libertad y
por la bayoneta de la igualdad.

En la misma dirección apunta Alejo Carpentier cuando afirma:

Yo tengo por costumbre dar a mis libros
unos títulos que tienen y no tienen que ver con el contenido… Cuando
yo publiqué “El Siglo de las Luces” mis editores se llevaron las manos
a la cabeza y me dijeron: “¡Pero esto parece un ensayo sobre el siglo
XVIII, esto no parece una novela.”

Sí, señor, el libro se llama así porque el Siglo de las Luces,
que se ha dado como ejemplo de la cordura,
del pensamiento filosófico, de la paz, de la calma y todo lo
que usted quiera, es uno de los siglos mas sangrientos que se han
visto en la historia. Por lo tanto hay un juego de palabras en el
titulo…