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Nicolás Maquiavelo 1469-1527

Nace y muere en Florencia de familia noble. Recibió una sólida
educación humanística, basada en el estudio de los clásicos latinos e
italianos. En 1498 ocupa sus primeros encargos en la Señoría
florentina, al servicio de la República: secretario de la Segunda
Cancillería y, después, en le consejo de los Diez de Balía. En 1499 es
encargado de diversas misiones diplomáticas en Piombino, Forlí e
Imola. Se encarga de la dirección de la guerra contra Pisa y redacta
un discurso ante los Diez sobre la campaña. Se casa en 1501 con
Marietta Corsini. Sirvió como embajador del francés Luis XII, del
emperador Maximiliano y (en Urbino) de César Borgia, de quien tomó
algunas de sus enseñanzas en el arte de la política. Por dos decisiones fechadas
el 7 y el 10 de noviembre cesa en su cargo de secretario de los Diez.
Es encarcelado y torturado por sospechoso de la conjura de Bóscoli
contra los Médicis. En una famosa carta que dirigió al representante
florentino en Roma, Francesco Vettori (10/12/1513), le comunica la
finalización del tratado De Principatibus, escrito en una interrupción
de su Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Finalmente
recuperó parte del favor perdido y en 1520 recibió el encargo de
escribir la historia de Florencia.

Es irresponsable comportarse como si la gente fuera buena en el sentido cristiano del termino: amable, cariñosa, compasiva, desinteresada, clemente. De aquí surge un dilema: si es mejor ser amado que temido, o viceversa. Se podría contestar que ambas cosas, pero como puesto que es difícil combinarlas, en el caso en que  hubiera que elegir una de ellas, es mas seguro ser temido que amado. Porque de los hombres, en general, puede decirse lo siguiente: que son ingratos, volubles, simuladores, temerosos de los peligros, ávidos de ganancias, y mientras les haces el bien se te ofrecen incondicionalmente, te dan hasta su propia sangre, sus bienes, la vida, los hijos, pero como ya dije antes, sólo cuando no corren tiempos de penuria; sin embargo, cuando estos se aproximan, te dan la espalda. Por eso, el príncipe, que ha confiado sólo en estas promesas, al no tener otras cosas en las que apoyarse, acaba mal, pues las amistades que se adquieren con dinero, y no con la nobleza y la grandeza de espíritu, se compran pero no se poseen, y en la necesidad no se puede contar con ellas. Además los hombres tienen menos miramientos en perjudicar a quien se ha hecho querer que a otro que se ha hecho temer. Porque el amor se sostiene sobre el vinculo del deber, pero por ser los hombres tan malos, se rompe en beneficio propio; en cambio el temor esta sostenido por el miedo al castigo que no te abandona nunca. 

Leí, por vez primera, “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, cuando
tenía dieciséis años. Ya había leído “El Manifiesto
Comunista” de Marx y Engels. El príncipe me pareció, por aquella
época, cínico y falto de ética, y Marx demasiado idealista. Hoy al
releer El Príncipe, después de haberlo leído en otras ocasiones, lo
encuentro pragmático y realista. El Príncipe puede entenderse como una
guía del poder político: Cómo conquistarlo, cómo conservarlo, cómo
manipular tanto a enemigos como a amigos, cómo atraer a los
adversarios y cómo conservar las lealtades de los adeptos. Es un libro
sobre la vida: la victoria será para los audaces, los inteligentes,
los implacables. Este libro, si lo pensamos bien, refleja nuestra
propia mentalidad, nuestra concepción de la vida, esa que nunca
manifestamos abiertamente.

Lo que se desprende de su lectura es una abierta manifestación de
sorprendente franqueza. Maquiavelo no habla de conseguir el poder por
la veneración del poder mismo, sino de la consecución del orden y del
buen gobierno; por ello afirma que, ”Se puede definir como buen uso
(del delito político) el delito circunstancial cometido en un momento
determinado por necesidad de mantener el poder, pero que después no se
repite, sino que se convierte en un instrumento de mayor utilidad para
los súbditos. Por mal uso se entienden aquellos delitos que al
principio se cometen sólo de vez en cuando, pero que con el tiempo van
aumentando en lugar de desaparecer… Por ello conviene señalar que quien
se apodere del estado tiene que hacer uso de todas las crueldades que
estime necesarias y llevarlas a cabo todas a la vez para no tener que
repetirlas continuamente, y así, no repitiéndolas, podrá tranquilizar
a sus gentes y ganárselas con favores. Quien no proceda de este modo,
ya sea por timidez o mal consejo, estará obligado a llevar siempre
el arma alzada, y nunca podrá apoyarse en sus súbditos, ya que estos
no se fiaran de él debido a las reiteradas crueldades utilizadas
contra ellos. Estas se deben aplicar de una vez, para que, al
degustarlas todas juntas, hagan menos daño. Por el contrario, los
favores hay que concederlos poco a poco, para que sean saboreados
mejor”.

Este último fragmento no es un elogio al cinismo y a la crueldad. Es,
a mi modo de ver, un intento de describir la naturaleza de la
realidad política. La ética y la moralidad en la política para la
mayoría de los seres humanos se basa en la coherencia entre las
necesidades del conglomerado social y la virtud del gobernante para
solucionarlas; pero para el Gobernante no es posible porque sus
acciones modifican, quieran o no, el contexto en que se producirán
otras acciones posteriores. El gobernante finge, para aparentar que es
virtuoso, cuando en realidad no lo es. La ironía de Maquiavelo radica
en el doble filo de su noción dinámica de la realidad, en la que cada
ejercicio de poder prepara el camino para el siguiente. El Príncipe de
Nicolás Maquiavelo es un acto de inclemencia contra los que se toman
la vida al pie de la letra, es lo que nos quiere significar cuando
afirma:

“Porque no hay otro modo de protegerse de los aduladores que dando a
entender a los hombres, si te dicen la verdad, no te van a ofender.
Pero también, si todos te la dicen, te pueden faltar al respeto”