Julio Cortázar.- 1914- 1984

Siempre seré un niño para tantas cosas, pero uno de esos niños que llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y en el mezzo del camino se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo menos dos aperturas al mundo. Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una diferencia… El monstruito sigue firme… Y me gusta, y soy terriblemente feliz en mi infierno, y escribo. Vivo y escribo amenazado por esa lateralidad, por este paraje verdadero, por estar un poco más a la izquierda o más al fondo del lugar donde debería estar para que todo cuajara.

Rayuela apareció en 1963; el mundo de habla hispana sufrió un movimiento sísmico que aún perdura. Todo lo establecido hasta entonces sobre el arte de escribir novelas, sobre la narrativa en líneas generales se desvirtuó, amplió sus cauces, encontró nuevos senderos y le enseño a las nuevas generaciones de escritores que escribir era un divertimiento donde se conjugaban la seriedad, el lenguaje, la vida, la sabiduría y la locura en un juego sin fin donde los más oscuros estratos de la vida son tratados sin correr riesgos ni equivocaciones. En Rayuela objetividad y subjetividad, sueño y ensueño, fantasía y realidad, razón y sinrazón pierden sus fronteras y se entremezclan creando una fantástica realidad, por donde los personajes discurren libremente. La libertad es principio y final en toda la obra de Cortázar. Libertad sin la cual Cortázar no entendía ni la vida ni la escritura. En Rayuela, el lector avanza de sorpresa en sorpresa por las esquinas y los vericuetos de la narración.