Homero

(S.VIII a.C.) Poeta griego. En palabras de Hegel, Homero es «el elemento en el que el mundo griego vive como el hombre vive en el aire». Admirado, imitado y citado por todos los poetas, filósofos y artistas griegos que le siguieron, es el poeta por antonomasia de la literatura clásica, a pesar de lo cual su biografía aparece rodeada del más profundo misterio, hasta el punto de que su propia existencia histórica ha sido puesta en tela de juicio.

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Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos, que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar; vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante, y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros. Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo, pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas, ¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron, y en tal punto acabó para ellos el día del retorno. Diosa, hija de Zeus, también a nosotros, cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.

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Hace muchos años leí la Odisea. Estudiaba Filosofía y Letras y le di la importancia que un adolescente le da al diario transcurrir. Estudiábamos los Clásicos griegos, si aquello era estudiar, como parte integral de las asignaturas propias de la carrera. El profesor “X”, no doy su nombre porque ya no puede defenderse, hizo una pequeña introducción a los temas que íbamos a tratar y nos entregó una serie de citas, FRASES, extraídas de las obras de los clásicos, especialmente de la Ilíada y de la Odisea y nos conminó a analizarlas sin darnos mayor explicación y afirmando: ¡Todos vosotros os parecéis al hijo de Ulises! (…)

Aun hoy resuenan en mis oídos sus palabras. Entonces no entendí nada. Hoy, tras su re-lectura para escribir esta reseña, creo que se refería a las inseguridades y los miedos de Telémaco ante su futuro, ante el desconocimiento de su padre, ante los agresivos pretendientes de su madre. Pero también a Penélope tejiendo y destejiendo durante años una colcha para evitar un matrimonio no deseado con uno de aquellos jóvenes pretendientes que deseaban, más que su amor, dirigir el reino y poseer la fortuna de Ulises. O a Ulises de Isla en Isla fornicando, engañando, preparando argucias y aguzando el ingenio con astucia e inteligencia para salirle al paso a las trampas que los hados le ponían como señuelos mientras que fingía que regresaba a casa. La historia de Ulises es una historia increíble. Es la historia de la argucia y el fingimiento:

Encontramos miles de razones para justificar una mentira y ni una sola para justificar la verdad. Hay que decir la verdad, pero hay que decirla sesgada para que sea creíble, para evitar herir a quien la escucha o para que sea socialmente aceptada. No es un naufragio sino el reconocimiento de la perdida de la inocencia, el hacernos concientes de nuestra propia existencia y de las adversidades que nos esperan por el camino. Al fin y a la postre la palabra Odiseo, en la Grecia Clásica, también significaba “Problemas” y a estos tenemos que enfrentarnos todos los días. Ulises suele mentir. Ulises naufraga en la isla de los Feacios, y tras algunas vacilaciones y pretextos, cuenta su historia y la cuenta francamente. Pero cuando regresa a Ítaca le miente astutamente a todo el mundo, incluso a su mujer y a su hijo. Como todo buen simulador, Ulises cuenta la verdad a medias. No se puede contar la verdad directamente, no hay forma de contarla.

La Odisea es a la vez, no solamente un poema épico sino, guardadas las distancias, una comedia negra: Cuando los héroes necesitan descanso, sosiego y placer es cuando más encuentran terror y engaño. El regreso de los héroes a casa es desastroso, los dioses insatisfechos por algún comportamiento que han considerado indecoroso los someten a todo tipo de pruebas, sufren desastres meteorológicos, naufragios, traiciones, raptos, secuestros o asesinatos. En la odisea nos encontramos con criaturas extrañas, peligros inesperados, sirenas, gigantes y desastres insospechados. La ficción desplegada por Homero supera nuestra ciencia ficción. Homero se regocija haciendo que sus criaturas se fagociten: Los hombres son devorados por sus propias necesidades o por las necesidades de los demás o por los monstruos como Polifemo, el jefe de los cíclopes, que devora a los compañeros de Ulises como “león criado en las montañas, sin dejar nada, entrañas, carne y tuétano de los huesos” Y hubiera acabado con toda la tripulación de Ulises si éste no le hubiera clavado una estaca en su único ojo mientras dormía. Al final de la lectura comprendes, exceptuando la muerte y el olvido, que no hay descanso, que es el estado vital el que nos consume. Homero y sus criaturas no logran alcanzar la paz… ¡Nosotros tampoco!

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