Gabriel García Márquez. 1928

Yo tengo la impresión de que, hasta el momento en que escribí Cien Años de Soledad, tuve la idea de empezar, de algún modo, un libro, un cuento, una novela, con este episodio del hielo. Más aún: El personaje del viejo que lleva al niño de la mano, es un personaje que se repite constantemente en mis libros. En La Hojarasca, que es mi primera novela, el principio es exactamente el de un niño que lo visten con un traje de pana verde, que le aprieta un poco, que le aprieta en las piernas y lo llevan a ver un muerto. Que es exactamente la imagen que yo me acuerdo de mi abuelo que me llevaba a misa todos los domingos. Y yo siempre tuve la impresión de que estaba trampeando un poco, porque a través de todos mis libros, de mis cuentos, hay un viejo que lleva al niño y lo lleva a ver un muerto, y lo lleva al cine y lo lleva de paseo y lo lleva al cine… Mi abuelo me llevaba siempre al cine y yo tenía la impresión de que no había llegado a la almendra del problema, hasta cuando llegue a Cien Años de Soledad, donde lo lleva a conocer el hielo. Y era exactamente el punto donde yo había estado tratando de llegar desde que tenía, no sé, tenia… cuatro o cinco años. Creo que ni siquiera sabía hablar cuando conocí el hielo.

Cien años de soledad aparece en el año de 1967 y desde su publicación hasta hoy el libro ha producido una revolución en las letras y en la historia de la literatura del siglo XX . Un antes y un después que palpita en toda la literatura posterior a Cien años de Soledad. La obra comienza con la siguiente frase: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el hielo”. Entre las múltiples sorpresas que nos depara la lectura de Cien años de soledad, la más sugerente es la que hace relación a lo mágico y maravilloso. Es el mundo popular, el folclore, el mundo rural y su entorno ancestral de embrujos, hechicerías y sortilegios el que aflora en sus páginas, no en oposición a lo lógico-racional , sino para facilitar el casamiento entre lo mítico y lo real , permitiendo a quien lo lea alborozada entretención. Julio Cortázar también muestra una especial preferencia hacia lo mágico desde su conciencia urbana.

Úrsula, personaje capital del relato, atada a la realidad, ante las pretendidas y fracasadas invenciones de su marido, advierte la diferencia entre las actividades alquimistas de su esposo y la ciencia como actividad de progreso, no en balde afirma que : “Aquí nos hemos de pudrir en vida sin recibir los beneficios de la ciencia”. García Márquez en su novela hace revivir lo inverosímil convirtiéndolo en verídico y poético.

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